Efraín Villamor

julio 28, 2022
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Categorías: Religión

Animismo, sintoísmo y Japón

Animismo, sintoísmo y Japón

 

La naturaleza: aquello indomable que llamamos kami


Según las teorías mitológicas―casi siempre nacionalistas―la familia imperial japonesa desciende del linaje de los dioses (kami). En Japón sus teorías creacionistas narran cómo se creó el mundo: el archipiélago ‘nipón’. Éste, se dice, fue creado por los dioses Izanagi 伊邪那岐 e Izanami 伊邪那美命― así empieza nuestra historia de hoy. Bueno, a ver, vayamos al meollo del asunto.

Todo aquello que sobrepasa el control de los de este mundo, provoca(ba) estupor y temblores. Para el pueblo llano la naturaleza no significaba algo especialmente maravilloso, sino todo lo contrario, una fuerza indomable. Los antiguos pobladores japoneses temían a la naturaleza, era considerada como algo sobrenatural, se decía que era ‘el reflejo de los dioses’ (shinmei 神明). El fenómeno religioso que conocemos ahora como sintoísmo dio comienzo como el conjunto de prácticas rituales antiguas de los diferentes pueblos agricultores que poblaban el archipiélago japonés. Su carácter animista es claro. El que se diga que hay ocho millones (yaoyorozu 八百万) de kami ―no quiere decir que se hayan contabilizado, creo yo― simboliza que toda manifestación de vida es parte de una energía insondable. En los tupidos montes de Japón se erigen sus altares representativos (yashiro ) (lo que hoy llamamos jinja 神社, vamos) donde se (les) implora, a la naturaleza, que sea benévola.

Según las creencias animistas japonesas, la energía (ki ) se manifiesta (yadoru 宿る) en cualquier cosa que sigue el curso de la vida. El que a las deidades primigenias se las asocie con el kanji de vida (Ej.: Izanagi-no-Mikoto 伊邪那岐) no es casual. Su decaimiento, la muerte, es por ello, interpretado como lo contrario: lo impuro (kegare 穢れ). Hoy en día estas ideas perduran. Cuando se va a construir un edificio nuevo o cuando se abre un negocio, se invocan a las fuerzas de la naturaleza y se disponen pequeños altares sintoístas como sello identitario para rogar por el bienestar del lugar.

Según las creencias animistas japonesas, la energía (ki ) se manifiesta (yadoru 宿る) en cualquier cosa que sigue el curso de la vida.

 

De una manera sencilla, diremos que el sintoísmo (el camino de los dioses’ shintō 神道) es el término con el que se pretende diferenciar las creencias ‘autóctonas’ de Japón, de otras religiones, principalmente el budismo (bukkyō 仏教, antiguamente se usaba buppō 仏法). Lo cierto es que su relación y diferenciación no solo no es tan clara, sino que, de hecho, como aquí trato de explicar, implica un porqué bastante antiguo: el motivo que hace que podamos encontrar en Japón, templos budistas, santuarios sintoístas y muchas otras curiosidades más, todas juntas en un mismo lugar. Esto es el resultado de siglos de unificación religiosa.

El sincretismo religioso ‘japonés’


Numerosos tabúes fundamentaban las creencias de los ancestros japoneses, quizás el más representativo era que lo sagrado no podía/debía ser representado. La transmisión del budismo a territorio japonés conllevó la creación de las primeras esculturas para representar a los kami. Hasta su separación oficial en 1868 (aunque actualmente permanece), el fenómeno sincretista rigió la forma de entender la religión de la mayoría. Este fenómeno se conoce como anexión del sintoísmo y budismo (shinbutsu-shūgō 神仏習合). Ambas religiones fueron parte de un conjunto de influencias mutuas, gracias en gran parte a que durante la era Heian (794–1185), con la extensión de la escuela del budismo Tendai (天台宗), se consagrase la idea de que las figuras salvíficas budistas se habían manifestado en territorio japonés, adquiriendo la forma de diferentes avatares (). Los ancestrales, y por lo tanto más poderosas figuras de la simbología budista, llegadas desde la India, se asumieron como la forma matriz () de aquéllas.

Como algunos ya conoceréis, las deidades hindúes (en especial el dios Viṣṇu) se manifiesta en este mundo de diferentes maneras. Los bodhisattvas budistas como Kannon, se aparecen también de muchas formas, precisamente por lo mismo. Esto se conoce con el vocablo sánscrito: avatāra, la película Avatar (2009) también está relacionado con esto. La realidad, en su nivel más transcendental, nos supera. La diversidad no es más que una manifestación de que podemos conectar con ella. He aquí que se tolere traspapelar la esencia de una deidad ‘budista’ a otra ‘sintoísta’ (aun cuando se trata de una gran cascada o monte). Aunque aquí hay siglos de intereses (no solamente de diálogo religioso), a fin de cuentas: ¿qué más da, si todo es parte del mismo proceso cósmico o energía vital? ―podríamos decir para sintetizarlo. Ésta es la forma predominante de pensar en Asia oriental, y yo, no me atrevería a afirmar que los pensadores indios, no tuvieran nada que ver con que los japoneses acepten, incluso hoy en día, esta idea; aunque muchas veces la tengan tan asimilada culturalmente que no sepan muy bien explicarla.

La realidad, en su nivel más transcendental, nos supera. La diversidad no es más que una manifestación de que podemos conectar con ella. He aquí que se tolere traspapelar la esencia de una deidad ‘budista’ a otra ‘sintoísta’…

 

Efemérides


¿Los japoneses son sintoístas, budistas o qué son?
Creo que ellos tampoco lo tienen muy claro. Lo importante es que no les importa. Remito a la lectura del profesor Lanzaco (2020), uno de los españoles pioneros en estudios japoneses, fantástico libro de Satori Ediciones, en el que tuve el placer de colaborar.

¿Por qué son rojas las puertas de los santuarios?

Los portones sintoístas (torii 鳥居) delimitan lo sagrado. Son de color rojo, porque este color se transmitió desde los reinos chinos como un color auspicioso que repele el ‘mal’. De ahí que los templos confucianos (espero haberlo dicho bien) también sean rojos, como casi todo en China.

 

Santuario Fukutoku-Inari (Shimonoseki, Japón).

Santuario Fukutoku-Inari (Shimonoseki, Japón). Foto cedida por el autor.

 

¿Por qué el agua para purificarse en los santuarios japoneses emana de un dragón? Los traductores chinos de textos budistas asociaron el culto a las cobras de la antigua India, con los dragones voladores de su mitología. Los textos budistas transmitieron la creencia de que estos poderosos seres dominan el ciclo del agua. Cuando te purifiques a la entrada de un santuario, recuerda: estás lavándote con agua sagrada, la figura que tienes delante es un vestigio de miles de años de intercambio cultural, desde la India a Japón.

¿Dónde están los dioses sintoístas? Habría que definir ‘dioses’, pero básicamente, por todas partes, sobre todo se cree que parte de sus diversas almas (魂) se guardan en los altares de los santuarios. Curiosamente, la palabra antigua para decir ‘sorprenderse’ en japonés (tamageru 魂消る) significa literalmente: ‘perder parte de las almas’ (creo que a los antiguos eso de dar un sustillo en bromas, tampoco les gustaba mucho).

¡¿Octubre: el mes que los dioses ‘no están’?! El kannazuki (神無月). Según se mencionaba en el calendario antiguo, el mes de octubre es el mes en el que los dioses (con la excepción de la poderosa Amaterasu-no-Ōmikami, 天照大御神, del Gran Santuario de Ise, 伊勢神宮) se reúnen en Izumo (出雲) en la prefectura de Shimane. Así que, si vas a pedirles algo importante, piénsate bien la fecha.  

El bambú de año nuevo y el regreso de los ‘dioses’ a este mundo. El culto a los antepasados y su veneración como ancestros, es una idea tanto continental como arraigada a las creencias japonesas. Los bambúes de año nuevo (kadomatsu 門松) atraen en realidad la dicha que aportan los antepasados, eso sí, a aquellos que los veneran (matsuru 祀る) adecuadamente. Que los festivales japoneses se llamen matsuri 祭(り) nos indica la gran importancia que se le da a lo ritual.

 

 Santuario de Motonosumi-Taisha (Nagato, Japón). Foto cedida por el autor.

Santuario de Motonosumi-Taisha (Nagato, Japón). Foto cedida por el autor.

 

Algunas reflexiones (propias)


El sintoísmo no es una religión mundial. El hinduismo tampoco. Ambas (en muchos aspectos ciertamente parecidas), son parte del conjunto de prácticas rutinarias, culturales, religiosas (o con la etiqueta que cada uno prefiera ponerle) que componen la forma de vida de sus creyentes. En Japón, el sintoísmo no es una cuestión de fe, es algo que se da por sentado. ¿El qué? La indomabilidad de la naturaleza y precisamente por ello, que su energía emane y resida en todo aquello que está vivo. Su fuerza vital, mejor no verla. ‘Ver para creer’―no es un lema japonés precisamente que digamos. Lo etéreo suele ser más importante en Asia.

Desde los albores de la civilización Indus (varios milenios atrás), la meditación (el silencio) era el medio para descubrir aquello: nuestra posibilidad de conectar con el todo, desde lo interno. Que se considere que la energía vital (ki ) (sí, la misma que utilizan en Dragon Ball, Aikidō, 合気道, y si me apuras, la ‘fuerza’, en Star Wars) se pueda regular con la respiración (iki), ideograma chino que expresa la idea de ‘el propio corazón/mente’, y también que ‘vivir’ en japonés fonológicamente suene ikiru (生きる), nos ayuda a trazar un nexo común en el sustrato del pensamiento oriental, el cual nos lleva, con certeza, a remitirnos al pensamiento indio, para entender el japonés. Que la respiración sea lo que nos conecta con la vida, más que algo evidente, es una idea antiquísima del pensamiento yóguico (indio) que se refleja con el término sánscrito prāṇa.

Vamos, que no me queda a mí tan claro que el sincretismo religioso japonés, así como este tipo de conexiones etimológicas del japonés moderno, no tengan nada que ver con la transmisión del budismo. En otras palabras, ¿deberíamos entonces razonar que el concepto de la energía vital en el sintoísmo es parte del método ‘japonés’ para conectar con el todo? Al que ponga en duda mi tesis, que busque en un diccionario los modismos que existen en japonés con ki (), creo que si empiezo, no acabamos.

Que la respiración sea lo que nos conecta con la vida, más que algo evidente, es una idea antiquísima del pensamiento yóguico (indio) que se refleja con el término sánscrito prāṇa.

 

Podríamos entonces llegar a pensar: ¿será en realidad el sintoísmo una rama del hinduismo? Algunos (mucho más estudiados que yo) varios siglos atrás, ya lo pensaron, aunque la etiqueta fuera ‘budismo’. Bueno, pero a ver, aclarémonos, entonces ¿qué va primero, el huevo o la gallina? Déjate de paradojas y líneas rectas, todo es parte del mismo ciclo: la vida ―te responderá un hindú, un budista, un taoísta, un japonés (sintoísta). ‘No pensar’, ‘respirar’, ‘sentir’. ― ¿Hasta qué punto ha moldeado la tradición contemplativa india la forma de entender el mundo de Asia oriental? A mí también me gustaría saberlo.  

Que este tipo de ideas surgieran como si de ‘universos paralelos’ se tratara, o que tengan una confluencia demostrable, más que parecer intangible, es en lo que tratamos de indagar algunos, aunque la respuesta no siempre encaja con lo que consideramos lógico.  La religión trata de eso. Quizás por eso nos es necesario lo espiritual, para conectar y superar las barreras impuestas no sólo por las naciones, sino probablemente por nuestra propia limitada capacidad mental.

 

Bibliografía (muy) recomendada

Falero, A. (2007). Aproximación al Shintoísmo. Salamanca: Amarú.

Lanzaco, F. (2020) Cultura japonesa: Pensamiento y religión. Gijón: Satori Ediciones.

Villamor, E. (2020) Yamaguchi. Descubre el Japón desconocido. Gijón: Satori Ediciones.

Villamor, E. (2022) Fábulas budistas: veinte jātakas. Gijón: Satori Ediciones.

 

 

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2 Comentarios

  1. Ando

    Un artículo muy interesante. ¡Gracias!

    Responder
    • Efraín Villamor

      ¡Muchas gracias Ando! Me alegro mucho de que el artículo te haya parecido interesante.
      Espero verte de nuevo por el blog.

      Responder

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